Ahorrar combustible disponiendo al mismo tiempo de una mejor reserva de potencia y de par, he aquí lo que permite un chip de potencia. Hemos probado el producto en una furgoneta compacta 2.1 l de 95 cv. Los resultados son impresionantes.
Existen hoy en el mercado productos que permiten aumentar la potencia y el par de su vehículo y disminuir su consumo. Algunos requieren la intervención de un profesional pero otros pueden instalarse sin el menor conocimiento técnico. Es el caso de los chips de potencia.
« Nuestros clientes están invitados a montar su chip ellos mismos, lo cual es posible gracias a la conectividad original que es sistemáticamente suministrada con nuestros productos », explica Philippe Heeren, fabricante belga de los chips de potencia P-Tronic. El fenómeno toma amplitud en nuestro país donde cerca de 7000 vehículos estarían así equipados cada año: coches, autocaravanas y vehículos comerciales ligeros donde el chip es a menudo elegido para compensar la pesada carga que debe ser transportada a bordo por los profesionales que los utilizan.
Para verificar el efecto del chip, hemos utilizado una furgoneta. Voluntariamente, el motor menos potente del catálogo de la marca que no citaremos. Un paso del vehículo original por un banco de potencia nos revela en primer lugar que nuestro vehículo alberga 107 cv bajo el capó y no 95 cv como anunciado por el constructor. Lo mismo para el par máximo: 280 Nm en lugar de 250 Nm.
Una constatación que nos sorprende poco, siendo los valores reales a veces superiores a los indicados « sobre el papel ». Una vez el chip de potencia instalado (lo cual es, se lo confirmamos, un juego de niños), un nuevo paso por el banco de potencia revela que el vehículo acaba de ganar 17 cv y 68 Nm. Más allá de la ganancia pura, es el desplazamiento de las curvas lo que es interesante (ver gráfico). La potencia máxima se ofrece desde las 3060 rpm, es decir 450 rpm más pronto que de origen. En cuanto al par máximo, si bien se alcanza alrededor de las 2400 rpm, comienza igualmente a liberarse ligeramente más pronto y, sobre todo, permanece disponible más tarde.
Confirmación en la carretera donde nuestro utilitario de prueba, excelente vehículo por lo demás pero cuya potencia y par del 2.148 cc están lejos de ser las cualidades primeras, está metamorfoseado. Retomando los mismos trayectos que antes de la instalación del chip, el vehículo se muestra más « con par », más voluntarioso. Ya no hace falta relanzar la mecánica mediante el enganche de una marcha inferior en las cuestas. El confort de conducción sale inevitablemente reforzado. Otra sorpresa de tamaño nos espera en la gasolinera. ¡Efectuando un trayecto idéntico con conducción igual (150 km), el chip de potencia nos ha permitido consumir 2,2 litros de diésel menos por cada cien kilómetros!
« Normal, explica Pierre Defosse, responsable del desarrollo del equipamiento electrónico, « el chip permite al motor tener un mejor rendimiento. La electrónica del chip modifica las duraciones de inyección así como las cantidades de diésel inyectado. La adaptación hace que para llegar a un mismo resultado, la aceleración debe ser menos larga, la mecánica debe ser menos solicitada. De ahí, el ahorro de combustible. »
En el importador que nos ha suministrado el vehículo, digámoslo claramente, el chip de potencia molesta. El Product & Training Coordinator de la marca: « Independientemente de la hipótesis de que sea un buen o un mal producto, estamos en contra en el sentido de que se trata de una intervención efectuada en el motor fuera de nuestra red. » En claro, en caso de problema, la garantía cae. Aún hace falta poder demostrar que éste ha sido generado por el chip, lo cual, según nuestras informaciones, es tanto más difícil cuanto que el desmontaje del chip no deja ninguna huella, contrariamente a la instalación de una eprom que debe ser soldada sobre la cartografía. Dicho esto, se reconoce en el importador que la diferencia entre dos niveles de potencia en el vehículo para un mismo bloque motor se limita a una intervención a nivel del « motor management ». Intervención que se factura 1400 EUR mientras que un chip cuesta 535 EUR IVA incluido y que su acción se sitúa igualmente a nivel de la electrónica, modificando los parámetros de inyección como lo hemos visto. La bendición del constructor tiene este precio.
En el plano legal, señalemos que la instalación de un chip de potencia debe ser declarada a su aseguradora. En efecto, la prima se calcula sobre la base de los kW del vehículo, valor que modifica el chip. Dicho esto, como el equipamiento no es detectado en el control técnico, las aseguradoras cuentan con la buena fe de los conductores para declarar su presencia en el motor. Y en caso de accidente con un vehículo cuyo chip no ha sido declarado « la aseguradora, si quiere volverse contra el asegurado, deberá demostrar que el siniestro se debe al aumento de potencia, lo cual está lejos de ser evidente », se reconoce en Ethias. « Por regla general, cuando un siniestro se produce y el perito de la aseguradora constata la presencia de un chip de potencia, el contrato es simplemente revisado al alza... »
P-Tronic vendía hasta hace poco sus productos exclusivamente vía los concesionarios de automóviles. Desde abril de 2007, la sociedad los comercializa igualmente en internet vía su e-shop (www.ptronic.be) dividiendo sus productos en tres categorías: coches, VUL y autocaravanas. Dos enfoques que el management de la empresa juzga perfectamente compatibles. « El primero concierne sobre todo a las personas que todavía necesitan ser tranquilizadas por su mecánico sobre este tipo de productos o que quieren a toda costa hacerlo instalar por un profesional. El segundo toca más a las personas que ya han tenido una experiencia del chip o que han comprendido que no hacían falta conocimientos en mecánica para instalarlo. »
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